El Dios Triuno como nuestra herencia vs. nosotros como herencia de Dios
Basándose en la revelación bíblica y en el capítulo 1 de Efesios, el
concepto de herencia, el Dios Trino y la carga de las experiencias de vida de
los creyentes, este trabajo integra la idea de que «el Dios Trino es su
herencia, en contraposición a que nosotros somos la herencia de Dios». Estos
dos aspectos no son contradictorios, sino que representan un gozo y un
beneficio mutuos entre Dios y la humanidad: heredamos a Dios como nuestra
herencia, y Dios también nos recibe como su herencia.
I.
Tabla maestra integrada
|
Aspecto |
El Dios
Triuno como nuestra herencia |
Nosotros
llegando a ser la herencia de Dios |
|
Significado |
Como hijos de
Dios y coherederos con Cristo, heredamos al Dios Triuno mismo como nuestra
porción, disfrute y herencia eterna. |
En Cristo somos
escogidos, redimidos, regenerados y gradualmente constituidos con el Dios
Triuno para llegar a ser la herencia que Dios disfruta. |
|
Razón |
El propósito
eterno de Dios es dispensarse a Sí mismo en nosotros para que participemos de
Él, lo disfrutemos y lo expresemos. |
Dios no desea
heredar nuestro hombre natural; Él desea obtener aquello que Él mismo ha
obrado dentro de nosotros. |
|
Base |
La promesa de
Dios, la redención de Cristo, la justificación por gracia mediante la fe, la
resurrección de Cristo, la regeneración y el Espíritu como las arras. |
La elección de
Dios, la predestinación, la redención, la regeneración, el crecimiento en
vida, la transformación y la constitución progresiva del Dios Triuno en
nosotros. |
|
Cómo comienza |
Creemos en
Cristo, somos justificados por gracia, recibimos la vida eterna y llegamos a
ser hijos de Dios. |
Dios nos
escogió en Cristo y nos impartió Su vida divina mediante la regeneración. |
|
Cómo se realiza |
Recibimos y
disfrutamos al Dios Triuno por medio de Cristo en el Espíritu. |
Permitimos que
el Dios Triuno se forje en nosotros como vida, renovándonos, transformándonos
y constituyéndonos. |
|
Objeto de la herencia |
Dios mismo: el Padre, el Hijo y el Espíritu; el Dios
Triuno está corporificado en Cristo y hecho real como el Espíritu. |
Los creyentes corporativamente: el pueblo
redimido y regenerado que ha sido constituido con el elemento divino. |
|
Papel de Cristo |
Cristo es la
corporificación de Dios y la esfera y realidad en la cual participamos de
Dios como nuestra herencia. |
Llegamos a ser
la herencia de Dios en Cristo;
Cristo es la esfera, el elemento y el medio por el cual Dios nos obtiene. |
|
Papel del Espíritu |
El Espíritu es
las arras de nuestra herencia, garantizando y capacitándonos para disfrutar
anticipadamente a Dios como nuestra porción. |
El Espíritu nos
regenera, mora en nosotros, nos sella, nos satura, nos transforma y nos
constituye con el elemento divino. |
|
Lo que Dios nos da |
Se da a Sí mismo como nuestra herencia. |
Se imparte a Sí mismo en nosotros, haciendo de
nosotros Su herencia. |
|
Lo que Dios recibe |
Dios obtiene un
pueblo que participa de Él y lo disfruta. |
Dios recibe
aquello que Él mismo ha forjado en nosotros, no nuestra vida natural, carne,
yo ni hombre natural. |
|
Efecto |
Recibimos la
vida eterna, a Cristo como nuestra porción, al Espíritu como arras y el
disfrute de todo lo que Dios es, tiene y ha realizado. |
Crecemos en
vida, somos transformados, conformados a la imagen de Cristo, edificados como
Cuerpo de Cristo y llegamos a ser la expresión corporativa de Dios. |
|
Propósito |
Que el hombre gane a Dios. |
Que Dios gane al hombre. |
|
Relación con la iglesia |
Disfrutamos al
Dios Triuno juntamente con todos los santos en el Cuerpo de Cristo. |
La iglesia,
como Cuerpo de Cristo, llega a ser la herencia corporativa de Dios, Su morada
y Su expresión. |
|
Figura del Antiguo Testamento |
La herencia de
la buena tierra por Israel tipifica a Cristo como la porción todo-inclusiva
dada al pueblo de Dios. |
Israel como
pueblo y posesión de Dios tipifica que Dios obtiene un pueblo corporativo
para Su morada y expresión. |
|
Realidad neotestamentaria |
Cristo es
nuestra vida y porción; mediante el Espíritu disfrutamos al Dios Triuno. |
La vida divina
es forjada en nosotros hasta que llegamos a ser la herencia de Dios. |
|
Experiencia práctica |
Comemos y
bebemos a Cristo diariamente, disfrutamos a Dios, ejercitamos nuestro
espíritu, oramos, recibimos la Palabra y vivimos en comunión con los santos. |
Recibimos
diariamente el suministro de vida, aceptamos la cruz, cooperamos con el
Espíritu y permitimos que Cristo crezca y sea formado en nosotros. |
|
Consumación futura |
Heredaremos
plenamente la herencia reservada en los cielos y disfrutaremos eternamente al
Dios Triuno. |
Llegaremos a
ser la herencia plena de Dios, Su morada y Su expresión eterna en la Nueva
Jerusalén. |
|
Dirección |
Dios → hombre: Dios se da al hombre. |
Hombre → Dios: el hombre es constituido para llegar a ser
posesión y disfrute de Dios. |
|
Resultado final |
Nosotros ganamos a Dios. |
Dios nos gana a nosotros. |
|
Conclusión |
El Dios Triuno es nuestra herencia eterna. |
Nosotros somos la herencia eterna del Dios Triuno. |
II.
Secuencia espiritual
Toda la revelación puede verse como un solo proceso de la
economía divina:
Propósito eterno
de Dios
↓
Elección y predestinación de
Dios
↓
Redención de Cristo
↓
Justificación por gracia
mediante la fe
↓
Resurrección de Cristo
↓
Regeneración
↓
Recepción de la vida eterna
↓
Llegar a ser hijos de Dios
↓
Llegar a ser herederos y
coherederos con Cristo
↓
Heredar al Dios Triuno como
nuestra porción
↓
El Espíritu como arras y
anticipo de la herencia
↓
Disfrutar diariamente a
Cristo y al Dios Triuno
↓
El Dios Triuno se forja en
nosotros
↓
Crecimiento en vida y
transformación
↓
Ser constituidos con el
elemento divino
↓
Llegar a ser la herencia de
Dios
↓
Edificación del Cuerpo de
Cristo
↓
Expresión corporativa de
Dios
↓
Nueva Jerusalén: morada y
disfrute eternos de Dios y el hombre
La
secuencia central
Dios se da a
nosotros → nosotros disfrutamos a
Dios → Dios se forja en nosotros → nosotros llegamos a ser la herencia de Dios → Dios disfruta Su expresión en nosotros.
III.
El ciclo final de las dos caras
Éste es uno de los puntos más profundos de este tema.
1.
Dios es nuestra herencia
Dios → Cristo → Espíritu
→ nosotros
El Dios Triuno se imparte en nosotros para que lo
recibamos, experimentemos y disfrutemos.
↓
2.
Nosotros llegamos a ser la herencia de Dios
Dios Triuno → Espíritu → Cristo
→ nosotros
El Dios Triuno se forja en nosotros para que lleguemos a
ser aquello que Dios puede poseer, disfrutar y expresar.
↓
3. El
ciclo eterno
Dios se da a
nosotros
↓
Nosotros recibimos y
disfrutamos a Dios
↓
Dios se forja en nosotros
↓
Somos constituidos con Dios
↓
Llegamos a ser la herencia
de Dios
↓
Dios obtiene Su expresión
corporativa
↓
Dios y el hombre se disfrutan
mutuamente por la eternidad
Por eso podemos resumirlo así: Nosotros heredamos a Dios, y Dios
nos hereda a nosotros.
Y todavía más profundamente: Lo que Dios disfruta en nosotros
es principalmente lo que Él mismo ha forjado en nosotros.
IV.
Aplicación práctica
1. No busquemos
solamente las cosas que Dios da; busquemos a Dios mismo
Nuestra herencia no consiste simplemente en bendiciones,
paz, dones, poder o beneficios espirituales.
Dios mismo es
nuestra herencia.
Por eso debemos aprender a disfrutar a Dios mismo
mediante Cristo en el Espíritu.
2. No preguntarnos solamente: «¿Qué he recibido de Dios?»
Debemos aprender a preguntar: «¿Qué ha ganado Dios en mí?»
Esta pregunta nos hace pasar de una vida centrada
solamente en nuestra bendición a una vida centrada en el propósito eterno de
Dios.
3. Permitir que Cristo crezca
en nosotros
La vida cristiana no consiste simplemente en mejorar nuestro
comportamiento.
Es: Cristo aumenta → el
yo disminuye → la vida divina crece → somos transformados → Dios obtiene Su
expresión.
4. Aceptar la obra
interior del Espíritu
El Espíritu no está solamente relacionado con dones o
poder exterior.
El Espíritu:
- nos regenera;
- mora en nosotros;
- nos sella;
- es las arras;
- nos suministra;
- nos transforma;
- nos renueva;
- nos guía;
- nos
constituye con Cristo.
Por tanto, necesitamos cooperar con Su obra interior.
5. Vivir en el
Cuerpo de Cristo
Efesios 1:18 habla de la herencia de Dios «en los santos».
Esto revela una realidad corporativa.
Dios no busca solamente individuos espirituales aislados;
Él desea un pueblo corporativo,
el Cuerpo de Cristo, como Su morada y expresión.
Disfrutamos a
Cristo personalmente, pero somos constituidos con Cristo corporativamente.
V.
Carga del ministerio
De acuerdo con la línea ministerial relacionada con la
economía de Dios y la exposición de Efesios, la carga no consiste simplemente
en comprender doctrinalmente la herencia, sino en entrar en su realidad espiritual.
1.
Dios debe llegar a ser nuestro disfrute
Necesitamos aprender a:
comer a Cristo →
beber a Cristo → invocar al Señor → orar-leer la Palabra → ejercitar nuestro
espíritu → vivir en comunión con los santos.
La vida cristiana es fundamentalmente una vida de
disfrutar al Dios Triuno.
2.
Dios debe ganarnos
También necesitamos permitir:
la cruz → el Espíritu → la
vida interior → la transformación → la constitución
para que Dios pueda obrar más de Sí mismo en nosotros.
Dios no busca simplemente personas mejoradas.
Dios busca
personas constituidas con Él mismo.
3.
Las dos herencias forman una sola realidad
La experiencia cristiana completa es:
Dios como nuestra
herencia → nuestro disfrute de
Dios → Dios forjado en nosotros → nosotros llegamos a ser la herencia de Dios.
Ésta es una expresión profunda de la economía eterna de
Dios.
VI.
Guía para profetizar
Punto 1 — El Dios Triuno es
nuestra herencia
No heredamos simplemente las cosas que Dios nos da;
heredamos a Dios mismo. El Espíritu es las arras de nuestra herencia,
capacitándonos para disfrutar hoy anticipadamente aquello que será nuestro
disfrute eterno.
Punto 2 — Nosotros somos la
herencia de Dios
Dios no desea heredar nuestra vida natural, nuestra carne
ni nuestro yo. Él desea obtener aquello que Él mismo ha forjado en nosotros
mediante Su vida divina.
Punto 3 — Las dos herencias
forman un ciclo divino
Disfrutamos a Dios, y Dios se forja en nosotros; a medida
que Dios se forja en nosotros, llegamos a ser Su herencia; y al llegar a ser Su
herencia, Dios obtiene Su expresión en nosotros.
Punto 4 — Cristo es el centro
de ambas caras
En Cristo heredamos a Dios, y en Cristo llegamos a ser la
herencia de Dios. Cristo es la esfera en la cual recibimos a Dios y también el
elemento mediante el cual Dios nos obtiene.
Punto 5 — La Nueva Jerusalén
es la consumación
La Nueva Jerusalén es la consumación de esta doble
herencia: Dios es nuestra vida, nuestra luz y nuestro disfrute eterno, mientras
nosotros somos Su morada, Su expresión y Su satisfacción eterna.
VII.
Panorama de las Escrituras relacionadas
|
Escritura |
Revelación
principal |
|
Efesios 1:4–5 |
Escogidos y
predestinados para filiación |
|
Efesios 1:7 |
Redención en
Cristo |
|
Efesios 1:11 |
En Cristo
fuimos designados como herencia |
|
Efesios 1:13 |
Sellados con el
Espíritu Santo |
|
Efesios 1:14 |
El Espíritu es
las arras de nuestra herencia |
|
Efesios 1:18 |
La herencia de
Dios está en los santos |
|
Efesios 3:6 |
Los gentiles
son coherederos |
|
Efesios 5:5 |
Herencia en el
reino de Cristo y de Dios |
|
Colosenses 1:12 |
La porción de
la herencia de los santos en la luz |
|
Romanos 8:16–17 |
Hijos,
herederos, coherederos con Cristo, sufrimiento y glorificación |
|
Gálatas 4:6–7 |
Hijos y
herederos por medio de Dios |
|
Tito 3:7 |
Herederos según
la esperanza de la vida eterna |
|
1 Pedro 1:3–4 |
Herencia
incorruptible reservada en los cielos |
|
1 Pedro 2:9 |
Pueblo
adquirido para posesión de Dios |
|
Hechos 20:28 |
La iglesia
comprada con la sangre de Dios |
|
1 Corintios 6:19–20 |
Fuimos
comprados por precio y pertenecemos a Dios |
|
2 Corintios 3:18 |
Transformados a
la imagen del Señor |
|
Romanos 8:29 |
Conformados a
la imagen del Primogénito |
|
Apocalipsis 21:2 |
La Nueva
Jerusalén preparada como esposa |
|
Apocalipsis 21:3 |
El tabernáculo
de Dios con los hombres |
|
Apocalipsis 21:10–11 |
La Nueva
Jerusalén expresa la gloria de Dios |
|
Apocalipsis 22:1–2 |
El río de agua
de vida y el árbol de la vida |
VIII.
Conclusión final
La revelación más profunda no consiste simplemente en que
existen dos herencias, sino en
que existe una sola economía divina con
dos direcciones:
Dios → nosotros
Dios se da a Sí mismo como nuestra herencia.
Nosotros → Dios
Dios se forja en nosotros hasta que llegamos a ser Su
herencia.
Por tanto: Dios como
nuestra herencia es nuestro disfrute; nosotros como herencia de Dios somos Su
disfrute.
El ciclo completo es:
Dios se da a nosotros
→ nosotros recibimos y
disfrutamos a Dios
→ Dios
se forja en nosotros
→ somos
constituidos con Dios
→ llegamos
a ser la herencia de Dios
→ Dios
obtiene Su expresión corporativa
→ Dios
y el hombre se disfrutan mutuamente por la eternidad.
Esto se consumará en la Nueva Jerusalén, donde Dios será nuestra vida, luz y disfrute
eterno, mientras que nosotros seremos Su morada, Su expresión y Su satisfacción
eterna.
Una
frase de resumen
El Dios Triuno
llega a ser nuestra herencia cuando lo recibimos y disfrutamos, mientras que
nosotros llegamos a ser la herencia de Dios cuando Él se forja en nosotros y
nos constituye con Su vida y naturaleza divinas, hasta que Dios y el hombre se
disfruten mutuamente en la Nueva Jerusalén eterna.
*Consulte el Curso de
Capacitación de Verano de abril de 2026, Tema general: Creyentes, Parte cuatro:
Herederos de Dios.
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